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Pueblos Palafíticos de la Ciénaga Grande de Santa Marta Birding y Resiliencia, Historia, Cultura y un bellísimo modo de vivir

By Luis Urueña


Recientemente conocí el ejemplo de resiliencia más claro que he visto en toda mi vida, y en definitiva uno de los lugares más impactantes que visite algún día.
Fui invitado por Marcela Franco, una gran amiga con la que trabaje proyectos sociales en WWF y que ahora trabaja para el INVEMAR (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras) a dictar un taller sobre aviturismo como alternativa económica en la Ciénaga Grande de Santa Marta para  comunidades que viven allí, entre estas las Palafíticas   (para los que no saben, pueblos palafíticos son aquellos que literalmente viven en casas puestas sobre pilones de madera en el agua, la tierra en este punto no existe), y recuerdo que lo primero que me dijo: “esto va a ser más duro en comparación a lo que has hecho antes”, yo feliz, dije que sí. A mí me gusta enseñar.
Estos pueblos palafíticos, viven casi que enteramente de la pesca, uno de los pueblos llamado Buenavista con tal vez un poco más de 1000 habitantes, nos acogió durante un par de días mientras dictábamos el curso y el otro, Nueva Venecia, con más de 3000 habitantes nos abrió sus puertas para dejarnos ver su modo de vivir; lo primero que vi, fue casas pintorescas y bien mantenidas, pintadas con unos murales preciosos, de rostros de niños y gente en medio de la naturaleza, pero con algunas escenas grises que no lograba entender, claramente porque no conocía su historia. Lo curioso como dije, es que estas casas estaban hechas de madera, sobre pilotes enterrados en el agua y lo verde que se veía alrededor de ellas eran parches de buchón de agua que iban y venían todos los días a toda hora, tierra no había y esto obvio me hizo pensar muchas cosas al respecto de cómo será la vida para ellos en aspectos tan normales para nosotros como lo es caminar.
Don Javier, un señor de unos 60 años, con apariencia fuerte y seria, nos recibió en el centro de interpretación de la cultura anfibia (ame este nombre por lo que representaba), un centro de visitantes, donado por alguno de los proyectos de cooperación internacional que han estado allí, que además cuenta con una torre de observación “supuestamente de aves” y unas instalaciones adecuadas para recibir a los visitantes. Javier, resulto ser el líder de esta comunidad y además un emprendedor del turismo, que como claramente nos dijo “todo se paró con la pandemia, pero ahora quiero retomar”. Durante los días con él, la forma en como paso de ser fuerte y serio, a ser una persona completamente sensible y empoderado de su comunidad, que por no decir más, quería ser escuchado, me dio una idea de su problemática y su gran poder de resiliencia y era algo que a mí personalmente me interesaba saber.
Las preguntas que inicialmente hice eran, que querían saber sobre el aviturismo, entendiendo que tenía en mi grupo de estudiantes, a niños, jóvenes, adultos, ancianos, madres con bebes en sus brazos, pescadores, emprendedores, curiosos, etc., pero todos con un mismo objetivo de aprender; la mayoría me dijo “queremos saber los nombres científicos de las aves y saber cómo se llaman”. también pregunté si habían tenido algún taller de aviturismo en el pasado y me dijeron que sí, claramente para mí, les habían enseñado a ver pájaros, pero nunca les hablaron del negocio del aviturismo.
Durante toda mi carrera en el turismo de naturaleza, siempre tuve la idea de que el éxito en el turismo de aves, no era  solo vender como tal la experiencia de observar y disfrutar de las aves, si no que debíamos conectar con la gente que hace esto posible y quise desde mi experiencia y mi corazón enseñarles eso, a conectar con sus clientes y como llegar a ellos, lo increíble es que este sentimiento y esta necesidad de contarles todo lo que sé, se hizo más fuerte a medida que iba conociendo cada vez más su historia, cada vez más su situación.
Ver más allá de lo que es visible, pensar desde el punto de vista del cliente, imaginar que las cosas cotidianas de su vida podrían ser un complemento fantástico de la gran biodiversidad de aves de manglar que allí tiene, fue mi objetivo, los puse a pensar, los puse a imaginar, los puse a soñar cuál sería su ideal en el turismo de naturaleza, curiosamente muchos de ellos tenían mucho que ver con las aves, curiosamente, muchos de ellos, en su día ideal siempre tenían aves cantando a su alrededor.
Esta comunidad ha venido sufriendo grandes golpes durante mucho tiempo, desde la construcción de la carretera que comunica a Santa Marta con Barranquilla que les quitó el acceso al mar, la masacre del año 2000 por parte de grupos al margen de la ley en donde por temas de dominio de territorio murieron muchos inocentes, hasta lo que actualmente les sucede, que es el gran problema de la sedimentación de los canales que irrigan la ciénaga y el cual literalmente está ahogando este lugar y hace que la biodiversidad de la ciénaga muera lentamente, desafortunadamente una problemática con una solución muy sencilla pero llena de mucha burocracia y con un futuro completamente incierto.
Uno de los momentos que realmente tuvieron mucho significado en esta visita, fue en una de las salidas precisamente a observar aves, quería llevar la teoría del aula de clase a la ciénaga, al mar, quería ponerlos a enfrentarse a los retos que pueden presentarse al tener un cliente observador de aves, que no solo se interesa por las aves si no por su entorno. En uno de los ejercicios de comunicación, de forma muy natural escuche por parte de algunos de los participantes, su historia personal, algo con lo que ellos conectarían con un cliente, varias de esas historias, me dejaron con un nudo en la garganta y literalmente me mordía los labios, para no llorar, en ese momento supe, que no solo quería dar este curso, supe que tenía que contribuir con algo; y recuerdo en específico la respuesta de Don Javier, el líder de la comunidad de Buenavista, cuando le pregunte como sería un día feliz para él, y me dijo con voz temblorosa: “en mi lancha, cerca del manglar, comiéndome un Lebranche (pez de la zona que ahora poco se pesca), sin temor a nada, sin ninguna necesidad, sin ninguna preocupación, escuchando las aves, escuchando el sonido del mar, con mis amigos o con la persona que en verdad quiera estar conmigo” y pensé, eso debió de dejar de pasar hace mucho tiempo, porque en verdad vi el deseo en sus ojos de que eso sucediera de nuevo.
Al terminar esta emotiva actividad, nos movimos al dormidero de los cormoranes (Neotropical Cormorant) y aunque me habían dicho que eran muchos, nunca imagine lo que en este momento vi; más de 20 minutos de un tremendo movimiento de cormoranes de un lugar a otro dentro de la ciénaga en donde a groso modo pude calcular más de 50.000 individuos, literalmente una nube negra de estas aves voló sobre el agua, siendo uno de los espectáculos naturales más increíbles que vi en mi vida en 20 años como ornitólogo, y pensé, esto es algo que se debe mostrar y pensé de igual manera, este lugar hay que ayudar a protegerlo, fue realmente increíble. Los paisajes además fueron sublimes, la combinación entre el rio, la ciénaga, el mar, el manglar, los pastizales de humedal, el bosque, hicieron mi imaginación explotar, muchas aves, muchas fotos y yo feliz compartiendo lo poco que sé con gente que de verdad quería aprender… que buena experiencia.

Todas las personas deberían conocer este lugar y ciertamente, es un lugar que empezaré a ofrecer en los paquetes de la Costa Atlántica de Manakin Nature Tours, las aves son buenas, la naturaleza es muy interesante, pero en verdad lo increíble fue ver la dinámica de estos pueblos.El cómo las lanchas van de un lugar a otro por las calles de agua, como los niños van de casa en casa en sus pequeños botes o en las tapas de los tanques, como una reunión juvenil se convierte en un evento imperdible para tres niñas de 12 años que se ponen sus mejores galas para la fiesta y los perros nadan de casa en casa por comida que suelen ser huesos de pescado. Como el agua es parte fundamental e indispensable en sus vidas, pero a la vez los limita tanto en su cotidianidad, es algo hermoso, extraño, admirable, tal vez difícil de entender, pero sencillamente algo que queda en la mente de cualquier persona por siempre.
Conocí otras personas muy especiales, Navil (un maestro con los pájaros), se los conoce todos, sabe cómo cantan todos, saben dónde están todos, además una persona súper asertiva a aprender y a hacer cosas nuevas, Gaby y María, dos mujeres completamente empoderadas de su futuro y con unas ganas impresionantes de ser grandes empresarias, personas muy especiales, de organizaciones locales como Cria.Pez, Parques Nacionales, artesanos, cantadores, bailarines, miembros de comunidades aisladas (sumidos en una pobreza extrema) pero con una forma de vida tan especial, que los convierte en grandes sobrevivientes, personas con una historia de resiliencia increíble y que se ganaron toda mi admiración.
Cuando llegue a la comodidad de mi casa, y al recordar dichas condiciones e historias pensé en lo afortunado que soy y en por qué hago estos cursos, quisiera que muchas personas tuvieran una vida digo, no mejor porque ese concepto depende mucho de la perspectiva desde la cual se ve, pero si tal vez, más fácil, tal vez mas amorosa, más divertida, más justa, y vi un video de un artista colombiano Carlos Vives y su Fundación – Tras La Perla – que fue grabado precisamente en la comunidad donde yo estuve, con gente con la que yo estuve, donde se muestra la realidad y la historia que yo conocí: Cumbiana
y llore como un niño pequeño y en verdad simplemente quise hacer más… y espero poder hacerlo.
Aviturismo no es solo ir a observar aves a paraísos naturales increíbles y tener una vacaciones inolvidables, para mí, es aportar, es ser un pilar, es ser un ejemplo para personas que ven en el cuidado de la naturaleza una oportunidad, y eso es lo que quiero mostrar a personas que al igual que yo se conmueven con las vidas que hay detrás de las aves, con las personas que ponen todo su empeño en vivir conservando la naturaleza y abriendo sus vidas e historias personales a extraños para poder sobrevivir.

 

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